La vida podría prosperar en planetas cercanos, a pesar de la radiación letal

Un equipo de astrónomos descubre que la Tierra primitiva sufrió un bombardeo ultravioleta más intenso que los de Proxima b, TRAPPIST 1e, Ross 128b y LHS 1140b, pero la vida surgió igualmente.

Estamos completamente rodeados de planetas extraños. Y justo en las proximidades de la Tierra, un buen número de ellos tienen, además, características similares a la Tierra. ¿Sus nombres? Proxima b, TRAPPIST 1e, Ross 128b, LHS 1140b…

A pesar de ello, actualmente no tenemos forma de saber a ciencia cierta si alguno de esos mundos «cercanos» es realmente habitable. Y aunque así fuera, ¿sería esa vida alienígena similar a la que existe en nuestro propio planeta? Una pregunta que admite varias clases de respuesta.

Para empezar, y eso es bueno, todos esos planetas vecinos de nuestro Sistema Solar orbitan dentro de la llamada «zona de habitabilidad», es decir, a la distancia justa de sus estrellas para que pueda existir agua en estado líquido. Un poco más cerca (como le sucede a Venus en nuestro sistema planetario), y el agua se evaporará por el calor. Un poco más lejos, como Marte, y se congelará. El agua líquida, por lo menos en la Tierra, es un elemento fundamental para que se desarrolle la vida.

Sin embargo, solo con estar en la zona habitable no basta. Es necesario, también, echar un vistazo a la naturaleza de las «estrellas madre» de esos planetas, y también a su comportamiento. La mayoría de ellas, en efecto, son muy diferentes de nuestro «pacífico» Sol.

Por ejemplo, los planetas que orbitan alrededor de «enanas rojas», mucho más pequeñas y menos brillantes que el Sol están expuestos, sin embargo a los súbitos y frecuentes «cambios de humor» de esas estrellas, que se manifiestan en forma de enormes llamaradas solares capaces de arrancar de cuajo una atmósfera, o de esterilizar con rayos ultravioleta la superficie de cualquier planeta potencialmente habitable.

Esa es, precisamente, la razón por la que muchos investigadores, a pesar de que los mundos citados están a la distancia perfecta, creen que en ellos la vida es imposible.

Y aquí es justo donde encaja un estudio llevado a cabo por astrónomos de la Universidad de Cornell. Según los investigadores, en efecto, en esos entornos tremendamente hostiles y a pesar de la intensa radiación ultravioleta, aún habría esperanzas para la vida. El trabajo se acaba de publicar en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Según afirman los científicos en su artículo, para encontrar esa esperanza no tenemos más que fijarnos en la historia del único planeta en el que sabemos que la vida existe: el nuestro. «La historia de la vida en la Tierra -asegura Jack O’Malley-James, primer firmante del trabajo- nos proporciona una gran cantidad de información sobre cómo la biología puede superar los desafíos de los entornos que podríamos considerar hostiles».

Junto a su colega Lisa Kaltenegger, O’Malley-James se tomó la molestia de calcular la cantidad de radiación ultravioleta que deben soportar los cuatro planetas vecinos ( Proxima b, TRAPPIST 1e, Ross 128b y LHS 1140b), y la compararon después con la que recibe la Tierra.

En sus simulaciones, los dos científicos trabajaron con una amplia variedad de composiciones atmosféricas diferentes, ya que las atmósferas más gruesas pueden proteger la superficie de los efectos dañinos de la radiación UV con mayor eficacia que las atmósferas más delgadas. Resulta evidente que aquí, en la Tierra, la atmósfera y la distancia a nuestro sol amarillo ganaron la batalla contra las llamaradas y la radiación. Pero los investigadores descubrieron que no siempre fue asi.

«A pesar de que estos planetas vecinos reciben flujos ultravioleta más altos que los de la Tierra actual, ese flujo resulta más bajo que el que recibía la Tierra primitiva, hace 3,9 mil millones de años -explican los autores en su artículo- . Por lo tanto, incluso si los planetas alrededor de enanas rojas han erosionado las atmósferas o no contienen ozono (anóxico), el flujo de UV de la superficie resultante es aproximadamente un orden de magnitud más bajo que en la Tierra primitiva, incluso para el planeta que orbita la estrella más activa de nuestra muestra, Proxima b».

En otras palabras, aunque la Tierra actual está llena de vida y recibe menos radiación ultravioleta que los cuatro planetas estudiados, hace miles de millones de años, cuando la vida surgió en nuestro mundo, esa radiación era mucho más alta. Y eso no impidió que la vida surgiera y prosperara.

Por ello, los investigadores creen que no deberíamos descartar la posibilidad de que también en alguno de los cuatro mundos analizados la vida extraterrestre se esté abriendo camino de forma similar a como lo hizo aquí.

«Por lo tanto -escriben los autores del estudio- los niveles de radiación UV de la superficie no deben descartar la habitabilidad de la superficie para nuestros planetas potencialmente habitables más cercanos o para los planetas que orbitan en las zonas habitables de las estrellas M activas (enanas rojas) en general».

En su trabajo, los investigadores recuerdan algunos estudios anteriores en los que se sugería que «un alto flujo de radiación ultravioleta en la superficie podría incluso ser necesario para que ocurra la química prebiótica». Es decir, es posible que la vida no solo evulucione «a pesar» de la intensa radiación, sino que lo haga precisamente por eso.

En todo caso, el campo queda abierto para nuevas investigaciones que puedan demostrar estas ideas. Mientras, quedémonos con lo positivo: a pesar de las llamaradas solares y del «infierno ultravioleta» que éstas desencadenan sobre los mundos cercanos, es demasiado pronto para renunciar a la posibilidad de que en ellos, a pesar de todo, haya vida.

Fuente: ABC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.