
Durante la madrugada del sábado 17 de Noviembre los integrantes de la Asociación Entrerriana de Astronomía (AEA), pudieron observar y captar imágenes del cometa ISON que en los últimos días ha experimentado un interesante incremento en su brillo.

Durante la madrugada del sábado 17 de Noviembre los integrantes de la Asociación Entrerriana de Astronomía (AEA), pudieron observar y captar imágenes del cometa ISON que en los últimos días ha experimentado un interesante incremento en su brillo.
Una pequeña guía práctica para distinguir los meteoros que surcan el cielo este mes: cuándo caerán y sus características.

Un gran meteoro fotografiado durante la lluvia de las Leónidas del año 2000 en Estados Unidos
Las Leónidas
La lluvia de estrellas de las Leónidas es la más famosa de noviembre y una de las más importantes del año. El máximo de su actividad está previsto para la noche del 17 al 18 de este mes, cuando se esperan 100 meteoros por hora, aunque coincidirá exactamente con la Luna llena, lo que estropeará el espectáculo. Los meteoros suelen ser de color rojo, dejando estelas verdosas en el firmamento que pueden perdurar durante segundos o más de un minuto. Viajan a 71 km/s y parecen provenir de la constelación de Leo, lo que se denomina su radiante. En ocasiones, esta lluvia sorpresiva ha llegado a ser de tal magnitud que ha asombrado a las afortunadas personas que han podido contemplarla. Incluso ha sido comparado con fuegos artificiales.
Investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) informan de un súbito aumento en el brillo y la producción de gases del cometa ISON

A simple vista se lo puede ubicar muy cerca de la estrella Spica en Virgo y muy bajo en el horizonte después de las 05:00 hs.
El cometa ISON ha sorprendido a los astrónomos con un reciente estallido de actividad que ha aumentado considerablemente tanto su producción de gases como su brillo, hasta el punto de hacerlo observable a simple vista. Investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía participan en diversas campañas de observación diseñadas para estudiar el cometa antes y después de su paso por el perihelio, el momento de su máximo acercamiento al Sol, y analizar sus características y actividad en detalle.
Los cometas, pequeños cuerpos sólidos helados, sufren modificaciones dramáticas según se aproximan al Sol y aumenta la temperatura: los hielos se calientan, evaporan (subliman) y arrastran consigo los granos de polvo, que al quedar libres reflejan la luz solar y dan lugar a la coma (la mancha difusa central que envuelve al núcleo) y las colas. Sin embargo, también pueden producirse episodios más violentos de actividad, en los que el brillo del cometa se intensifica súbitamente, como acaba de ocurrir en ISON.
Pablo Santos Sanz, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) que participa en una campaña de observación de ISON desde el radiotelescopio IRAM de treinta metros, ha informado de un aumento de unas quince veces en la producción de ácido cianhídrico (HCN) en apenas cuarenta y ocho horas, y diversas fuentes apuntan también a un aumento de la sublimación de agua, todo lo que hace que el cometa sea ya prácticamente visible a simple vista sin instrumentos ópticos (en un cielo con condiciones de visibilidad óptimas).
"Una posible explicación para el estallido reside en que el eje de rotación ha estado bastante alineado con la dirección Sol-cometa, de modo que solo un hemisferio del núcleo cometario ha recibido radiación y puede haber "hielos frescos" (en el otro hemisferio) que apenas hayan recibido luz solar hasta ahora. Conforme ISON se vaya acercando al sol irá cambiando también la posición del punto subsolar en el cometa y, por tanto, habrá partes antes en sombra que de repente reciban radiación y puedan sublimarse", indica José Luis Ortiz, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía.

La Asociación Entrerriana de Astronomía (AEA), expresa su enorme agradecimiento a nuestros amigos Carlos Colazo y Roberto Vasconi, ambos astrónomos aficionados de la Provincia de Córdoba, por el taller de astrometría y fotometría que brindaron el pasado sábado 9 de Noviembre a los miembros de nuestra entidad.

Investigadores españoles identifican la familia de asteroides a la que pertenecía el objeto que cayó sobre la ciudad rusa de Chelyabinsk en febrero. Podrían ser cientos, difíciles de detectar y es probable que se crucen con la Tierra en los próximos años
No era un viajero solitario, sino que formaba parte de una pila de escombros espacial que lleva miles de años bailando entre Marte, Venus y la Tierra. El superbólido de Chelyabinsk, más conocido como el meteorito de Rusia, se habría disgregado del grupo para impactar contra la atmósfera de la Tierra el 15 de febrero, causando heridas a 1.500 personas y un sobresalto descomunal a miles más. Sin embargo, el susto podría no estar resuelto del todo y es posible que nuestro planeta vuelva a encontrarse con su familia de asteroides en un futuro próximo, a juzgar por los cálculos realizados por dos investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, con los que han detectado una veintena de rocas voladoras que se mueven por la misma ruta que la caída en Rusia.
Los cálculos de Carlos y Raúl de la Fuente indican que muchos asteroides comparten órbita con el de Chelyabinsk, desgajados como aquél de una gigantesca roca que se encontraba en el cinturón de asteroides. “No es posible saber el número exacto de estos fragmentos”, advierte Carlos de la Fuente, “pero si hay unos 20 objetos conocidos que tienen órbitas similares, el número de objetos pequeños, con tamaños similares (20 metros) o más pequeños que el fragmento que causó el superbólido puede estar en los varios centenares”. Varios centenares de familiares que están distribuidos por esa misma órbita, a millones de kilómetros de distancia, dando vueltas una y otra vez a un circuito que en algún momento puede cruzarse con la Tierra. “No se trataría de una nube de fragmentos como en las películas”, aclara.