{"id":3108,"date":"2009-04-23T18:49:47","date_gmt":"2009-04-23T21:49:47","guid":{"rendered":"http:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/galileo-nos-cuenta-las-primeras-observaciones-con-telescopio-de-la-historia\/"},"modified":"2009-04-23T18:49:47","modified_gmt":"2009-04-23T21:49:47","slug":"galileo-nos-cuenta-las-primeras-observaciones-con-telescopio-de-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/galileo-nos-cuenta-las-primeras-observaciones-con-telescopio-de-la-historia\/","title":{"rendered":"Galileo nos cuenta las primeras observaciones con telescopio de la historia"},"content":{"rendered":"<p><font style=\"background-color: #000000\"><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Por Alberto Anunziato&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Galileo nos cuenta las primeras observaciones con telescopio de la historia<br \/>Traducci&oacute;n de p&aacute;rrafos de &ldquo;Nuncius Sidereus&rdquo;.<br \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&nbsp;<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3102\" style=\"width: 189px; height: 258px\" src=\"http:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/galileo_arp_300pix.jpg\" alt=\"\" width=\"189\" height=\"258\" width=\"210\" height=\"281\" \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Retrato de Galileo<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>En &ldquo;Sidereus Nuncius&rdquo;, obra publicada en marzo de 1610, Galileo narra las primeras observaciones astron&oacute;micas con telescopio de la historia (en cuanto sabemos). A una distancia de cuatro siglos vemos como el simple acto de elevar a los cielos su telescopio marc&oacute; el triunfo del paradigma cient&iacute;fico contempor&aacute;neo. <\/strong><\/p>\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&nbsp;<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3103\" style=\"width: 255px; height: 357px\" src=\"images\/stories\/galileo%20sidereus_nuncius_1610[1].jpg\" alt=\"\" width=\"255\" height=\"357\" width=\"243\" height=\"360\" \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Nuncius Sidereus<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Recordemos que la concepci&oacute;n ptolemaica del universo (un paradigma que comprend&iacute;a numerosas teor&iacute;as hermanadas por considerar a la Tierra el centro del Universo) era un sistema que pose&iacute;a una gran econom&iacute;a conceptual, al punto que hoy la navegaci&oacute;n y la topograf&iacute;a todav&iacute;a usan modelos basados en ella, adem&aacute;s de apoyarse en el sentido com&uacute;n que muestra a las estrellas girando como una gigantesca c&uacute;pula cada noche. El sistema ten&iacute;a una gran debilidad: el movimiento retr&oacute;grado de los planetas, que origin&oacute; una serie de complicadas teor&iacute;as auxiliares para explicarlos. Fue lo confuso del sistema y las discrepancias con los datos observables lo que lleva a Cop&eacute;rnico a poner en duda el modelo, pero solo en lo que al movimiento de la Tierra se refiere: gira alrededor del Sol (centro del Universo) como los otros planetas. Pero la obra de Cop&eacute;rnico pas&oacute; desapercibida fuera del &aacute;mbito astron&oacute;mico. Ser&aacute; el telescopio el que sacudir&aacute; las creencias fundamentales del hombre y ayudar&aacute; a definir la cosmovisi&oacute;n reinante. Y eso es lo que narra, nada menos, el libro cuyos p&aacute;rrafos presentamos. <br \/>Galileo comienza su libro dedic&aacute;ndolo a Cosme II, Gran Duque de Toscana, y afirmando que el descubrimiento principal que contiene la obra (los sat&eacute;lites de J&uacute;piter) es una confirmaci&oacute;n astrol&oacute;gica de la grandeza din&aacute;stica de los Medici, no siendo casual que los haya observado poco despu&eacute;s de su ascenso al trono. Galileo llama a los cuatro sat&eacute;lites Astros Mediceos, y los mismos le valieron el mecenazgo del soberano (que nunca adhiri&oacute; al copernicanismo), qui&eacute;n adem&aacute;s se encargo de repartir telescopios por todas las cortes de Europa para que pudieran apreciarse &ldquo;sus astros&rdquo;. El &ldquo;Sidereus Nuncius&rdquo; (o &ldquo;Mensajero Astral&rdquo;) acompa&ntilde;aba a los telescopios como una especie de manual introductorio, completando el &ldquo;presente empresarial&rdquo;.<br \/>&nbsp;<br \/>La obra comienza por nombrar los descubrimientos realizados con su telescopio (o como primeramente fue llamado por Galileo &ldquo;perspicillum&rdquo;, del lat&iacute;n &ldquo;perspicio&rdquo;, algo as&iacute; como mirar con cuidado y detenimiento) y c&oacute;mo fue su g&eacute;nesis:&nbsp; <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&ldquo;Bell&iacute;simo y milagrosamente placentero es ver el cuerpo de la Luna, que dista de nosotros una distancia casi equivalentes a 60 radios terrestres, tan cercano como si distase solo dos radios, agrandando el di&aacute;metro mismo de la Luna casi 30 veces, su superficie casi 900, el volumen casi 27.000 veces m&aacute;s grande que cuando se observa a ojo desnudo. Gracias a esta experiencia cualquiera puede comprender que la Luna no posee una superficie lisa y pulida sino escabrosa y desigual y, como la de la Tierra, llena de grandes elevaciones, profundas cavidades y desfiladeros. Adem&aacute;s no me parece poca cosa el haber terminado con las controversias en torno a la Galaxia, o V&iacute;a L&aacute;ctea, y haber hecho patente su naturaleza tanto a los sentidos como al intelecto, as&iacute; como es grato y hermoso poder demostrar que la sustancia de los astros hasta ahora llamados nebulosas es totalmente distinta de cuanto hasta ahora se hab&iacute;a cre&iacute;do. Pero lo que por mucho es lo m&aacute;s maravilloso (y nos obliga a informar a todos los astr&oacute;nomos y fil&oacute;sofos) es el haber descubierto cuatro astros errantes, por nadie (antes que por nosotros) conocidos ni observados, que a semejanza de Venus y Mercurio alrededor del Sol, cumplen sus revoluciones alrededor de un astro conspicuo entre los conocidos, a veces precedi&eacute;ndolo, a veces sigui&eacute;ndolo, pero sin adelant&aacute;rsele m&aacute;s all&aacute; de ciertos l&iacute;mites. Y todo esto fue descubierto y observado hace pocos d&iacute;as, con la ayuda de un telescopio que invent&eacute; despu&eacute;s de haber recibido la iluminaci&oacute;n de la gracia divina. Otras cosas m&aacute;s admirables, por m&iacute; quiz&aacute;s o por otros, se descubrir&aacute;n en el futuro con la ayuda de este instrumento, sobre cuya forma y estructura, as&iacute; como de la ocasi&oacute;n de su invenci&oacute;n, dar&eacute; una breve noticia antes de narrar la historia de las observaciones que realic&eacute; con &eacute;l. Har&aacute; unos diez meses nos lleg&oacute; la noticia de que un flamenco hab&iacute;a construido un telescopio, por medio del cual los objetos visibles, aunque se encontraran muy distantes del observador, se ve&iacute;an en detalle como si estuvieran muy cerca. Sobre este admirable efecto corr&iacute;an voces, algunos les daban fe, otros no. El asunto me fue confirmado pocos d&iacute;as despu&eacute;s a trav&eacute;s de una carta del noble franc&eacute;s llamado Iacopo Badovere, de Par&iacute;s;&nbsp; y &eacute;sta fue la causa de que me dedicase por completo a averiguar los medios para lograr la invenci&oacute;n de un instrumento similar, lo que consegu&iacute; poco despu&eacute;s, bas&aacute;ndome en la teor&iacute;a de las refracciones. Primero prepar&eacute; un tubo de plomo en cuyos extremos apliqu&eacute; dos lentes, ambas planas de un lado, mientras que una ten&iacute;a el otro lado convexo y la otra lo ten&iacute;a c&oacute;ncavo. Puesto el ojo en la parte c&oacute;ncava vi los objetos bastante grandes y pr&oacute;ximos, tres veces m&aacute;s cercanos y nueve veces m&aacute;s grandes de como se ven a simple vista. Luego prepar&eacute; un instrumento m&aacute;s exacto, que mostraba los objetos sesenta veces m&aacute;s grandes. Y finalmente, sin reparar en gastos y fatigas, llegu&eacute; a construirme un instrumento tan excelente que los objetos vistos a trav&eacute;s suyo aparecen casi mil veces m&aacute;s grandes y treinta veces m&aacute;s cercanos que a ojo desnudo. Ser&iacute;a completamente superfluo se&ntilde;alar cuantas y cuales son las ventajas de un instrumento semejante para las observaciones terrestres y mar&iacute;timas. Pero dejadas de lado las terrestres, me dediqu&eacute; a las especulaciones celestes, y primero vi la Luna tan cercana como si estuviese a una distancia de apenas dos radios terrestres. Despu&eacute;s de esto, con incre&iacute;ble placer en el alma, observ&eacute; muchas veces las estrellas, fijas y errantes; y como las vi tan n&iacute;tidas, comenc&eacute; a estudiar el modo de calcular sus distancias, y finalmente lo logr&eacute;&rdquo;.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&nbsp;<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3104\" style=\"width: 201px\" src=\"images\/stories\/galileo%20primer%20telescopio[1].jpg\" alt=\"\" width=\"201\" height=\"277\" width=\"270\" height=\"360\" \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Primer telescopio de Galileo<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Primera conmoci&oacute;n: con base en Arist&oacute;teles, se consideraba que la regi&oacute;n celeste era perfecta, la imperfecci&oacute;n y el cambio se cre&iacute;an relegados a la regi&oacute;n sub-lunar, a la Tierra. Veamos lo primero que los maravillados ojos de Galileo observaron:<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&ldquo;En primer lugar trataremos la cara de la Luna que podemos ver. Por razones de claridad, la divid&iacute; en dos partes, m&aacute;s clara una y m&aacute;s oscura la otra. La m&aacute;s clara parece circundar y llenar todo el hemisferio, la m&aacute;s oscura oscurece como una nube la misma faz de la Luna y la hace aparecer llena de manchas. De estas manchas, aunque oscuras y bastante amplias, visibles para cualquiera, siempre se tuvo noticia, por lo que las llamaremos grandes o antiguas, a diferencia de otras manchas menores por su amplitud, pero tan frecuentes que cubren toda la superficie luna, sobre todo la parte m&aacute;s luminosa, de las que fuimos los primeros en verlas. Por la continua observaci&oacute;n de tales manchas llegamos a la conclusi&oacute;n de que la superficie de la Luna no es pulida, uniforme y completamente esf&eacute;rica, como un gran n&uacute;mero de fil&oacute;sofos cree de ella y de otros cuerpos celestes, sino que es desigual, escabrosa y con muchas cavidades y elevaciones, una superficie no muy diversa de la de la Tierra, con cadenas de monta&ntilde;as y profundos valles&rdquo;.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El descubrimiento de las manchas solares (realizado meses despu&eacute;s de publicar el libro que traducimos) confirmar&aacute; que el universo est&aacute; en cambio perpetuo.<br \/>No debemos olvidar que antes de Galileo se pensaba que no hab&iacute;a m&aacute;s estrellas que las observables a simple vista. Era un universo al servicio del hombre (&iquest;para qu&eacute; habr&iacute;a estrellas que no pudi&eacute;ramos ver?), ahora el hombre se empeque&ntilde;ece frente al Universo:<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&ldquo;Digna de nota parece tambi&eacute;n la diferencia de aspecto entre el aspecto de los planetas y el de las estrellas fijas. Los planetas presentan sus globos exactamente redondos y definidos y, como peque&ntilde;as lunas luminosas, aparecen circulares. Las estrellas fijas, en cambio, no parecen tener un contorno circular sino que, centelleando siempre, presentan fulgores vibrantes alrededor de sus rayos. Presentan la misma figura a ojo desnudo que vistas con el telescopio, pero m&aacute;s grandes, observ&aacute;ndose una estrella de quinta o sexta magnitud como si fuese la Can&iacute;cula, la m&aacute;s grande de las estrellas fijas. Pero m&aacute;s all&aacute; de las estrellas de sexta magnitud se ver&aacute; con el telescopio un incre&iacute;ble n&uacute;mero de otras, invisibles a nuestra vista: de hecho se pueden ver m&aacute;s de estas que todas las comprendidas en las seis magnitudes completas, las mayores de las cuales (que podemos llamar de s&eacute;ptima magnitud o primera de las invisibles), con la ayuda del telescopio, aparecen m&aacute;s grandes y luminosas que las estrellas de segunda magnitud vistas a simple vista. Y para prueba de su n&uacute;mero inimaginable quise acompa&ntilde;ar los dibujos de dos constelaciones a fin que, con su ejemplo, el lector pueda imaginar las restantes. En el primero me hab&iacute;a propuesto abarcar toda la constelaci&oacute;n de Ori&oacute;n, pero el enorme n&uacute;mero de estrellas y la falta de tiempo hicieron que dejara la empresa para otra ocasi&oacute;n. Sin embargo, existen diseminadas en torno a las estrellas conocidas, en el espacio de uno o dos grados, m&aacute;s de quinientas, por ello agregaremos a las tres estrellas conocidas del cintur&oacute;n y a las seis de la espada otras 80 recientemente descubiertas:&rdquo;<br \/><\/strong><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&nbsp;<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3105\" style=\"width: 273px; height: 240px\" src=\"images\/stories\/galileo%20lente%20del%20primer%20telescopio[1].gif\" alt=\"\" width=\"273\" height=\"240\" width=\"178\" height=\"153\" \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Lente del primer telescopio<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><!--nextpage-->&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Antes de Galileo se pensaba que la V&iacute;a L&aacute;ctea, un simple resplandor en el cielo, era un fen&oacute;meno sublunar o una reflexi&oacute;n de la luz difusa proveniente del Sol:<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&ldquo;Lo que en tercer lugar observamos es la esencia o materia de la V&iacute;a L&aacute;ctea, la que a trav&eacute;s del telescopio se puede ver tan n&iacute;tidamente que todas las discusiones que por tantos siglos atormentaron a los fil&oacute;sofos, se disipan con la certeza que nos la observaci&oacute;n, liber&aacute;ndonos de tan est&eacute;riles disputas. La galaxia no es otra cosa que una masa de innumerables estrellas diseminadas en grupos, de tal manera que a cualquier parte que se dirija el telescopio, en seguida se ofrece a la vista un grand&iacute;simo n&uacute;mero de estrellas, muchas de las cuales se ven bastante grandes y muy n&iacute;tidas, mientras que la multitud de las m&aacute;s peque&ntilde;as es completamente inexplorable. Como no solamente en la Galaxia se observa ese candor l&aacute;cteo como de nube blanquecina, sino que tambi&eacute;n existen numerosas &aacute;reas peque&ntilde;as de un color similar, que resplandecen aqu&iacute; y all&aacute; con tenue luz en el &eacute;ter, si se dirige el telescopio hacia cualquiera de ellas se descubre un denso grupo de estrellas. Y adem&aacute;s (maravilla aun mayor) los astros hasta ahora llamados por los astr&oacute;nomos Nebulosas son agrupamientos de peque&ntilde;as estrellas diseminadas de modo admirable. Y mientras que todas ellas, por su peque&ntilde;ez y por las grand&iacute;simas distancias que nos separan de ellas, escapan a nuestra vista, el entrecruzamiento de sus rayos produce ese candor que hasta ahora se cre&iacute;a una parte m&aacute;s densa del cielo, apta para reflejar los rayos de las estrellas y del Sol&rdquo;.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Las razones de Galileo para resaltar el descubrimiento de los sat&eacute;lites de J&uacute;piter no radicaban solamente en la adulaci&oacute;n cortesana, era consciente que el descubrimiento de un centro de movimiento que no sea la Tierra (o el Sol en la concepci&oacute;n copernicana) dinamitaba la concepci&oacute;n del universo como un sistema finito para hacer realidad la visi&oacute;n m&iacute;stica de Giordano Bruno (quemado en la hoguera diez a&ntilde;os antes) de infinitos mundos poblados que mostraban la infinita creatividad de Dios.<br \/>&nbsp;<br \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3106\" style=\"width: 282px; height: 353px\" src=\"images\/stories\/galileo%20dibujo%20de%20la%20luna[1].jpg\" alt=\"\" width=\"282\" height=\"353\" width=\"304\" height=\"405\" \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Gr&aacute;fico de la Luna hecho por Galileo<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&ldquo;El d&iacute;a 7 de enero del a&ntilde;o 1610, a la 1 de la noche, mientras que con el telescopio observaba los astros apareci&oacute; J&uacute;piter, y como hab&iacute;a preparado un instrumento excelente vi (antes no hab&iacute;a podido hacerlo por la debilidad de otro instrumento) que a su alrededor se ubicaban tres estrellas peque&ntilde;&iacute;simas pero muy luminosas, y aunque cre&iacute;a que pertenec&iacute;an al n&uacute;mero de las fijas, en cierto modo me maravillaron, ya que aparec&iacute;an dispuestas exactamente en l&iacute;nea recta y paralela a la ecl&iacute;ptica, y eran m&aacute;s brillantes que otras de su mismo tama&ntilde;o. Entre estas y respecto a J&uacute;piter estaban en este orden:<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong><br \/><strong>Esto es, dos estrellas a oriente y una a occidente. La m&aacute;s oriental y la occidental aparec&iacute;an un poco m&aacute;s grandes que la restante, no me preocup&eacute; por su distancia respecto a J&uacute;piter porque, como dije, cre&iacute;a que eran fijas. Cuando, qui&eacute;n sabe por cu&aacute;l fuerza del destino, realic&eacute; la misma observaci&oacute;n el d&iacute;a 8 observ&eacute; una disposici&oacute;n completamente distinta: las 3 estrellas ahora estaban todas a occidente respecto a J&uacute;piter y m&aacute;s cercanas entre s&iacute; que la noche anterior y separadas por intervalos iguales, como muestra el siguiente dibujo:<br \/>&nbsp;<br \/>En este punto, sin pensar en absoluto en el movimiento de las estrellas, comenc&eacute; a preguntarme de qu&eacute; modo J&uacute;piter pod&iacute;a encontrarse m&aacute;s a oriente que las supuestas estrellas fijas, cuando el d&iacute;a anterior era a occidente de dos de ellas. Y comenc&eacute; a dudar si acaso J&uacute;piter no se habr&iacute;a desplazado contrariando el c&aacute;lculo astron&oacute;mico y con su propio movimiento habr&iacute;a sobrepasado a las mencionadas estrellas. Por ello esper&eacute; la noche siguiente con gran ansiedad, pero mis esperanzas fueron en vano, porque el cielo apareci&oacute; cubierto de nubes.<br \/>Pero en la noche del d&iacute;a 10 pude observar a las estrellas en esta posici&oacute;n respecto a J&uacute;piter:<br \/>&nbsp;<br \/>Hab&iacute;a solo dos y ambas a oriente; la tercera, como supuse, estaba escondida detr&aacute;s de J&uacute;piter. Se encontraban como antes en l&iacute;nea recta con J&uacute;piter y exactamente en la l&iacute;nea del Zodiaco. Cuando observe esto y comprend&iacute; que de alguna manera pod&iacute;an atribuirse a J&uacute;piter movimientos similares, sabiendo adem&aacute;s que las estrellas observadas eran siempre las mismas (no hab&iacute;a ninguna otra, precedente o siguiente, en el gran intervalo existente sobre la l&iacute;nea del Zodiaco), cambiando la perplejidad por maravilla, comprend&iacute; que la mutaci&oacute;n aparente no era de J&uacute;piter sino de las estrellas por m&iacute; descubiertas, y por eso pens&eacute; que deb&iacute;a en adelante observar largamente el fen&oacute;meno de manera atenta y escrupulosa&rdquo;.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&nbsp;<\/strong><strong>&nbsp;<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3107\" style=\"width: 240px; height: 311px\" src=\"images\/stories\/galileo%20retrato[1].jpg\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"311\" width=\"270\" height=\"360\" \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Otro retrato de Galileo<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Galileo contin&uacute;a narrando las observaciones de J&uacute;piter y sus sat&eacute;lites durante numerosos d&iacute;as. Luego enuncia la conclusi&oacute;n derivada de su observaci&oacute;n, percibiendo r&aacute;pidamente el rol del telescopio y de la rotaci&oacute;n de los sat&eacute;lites alrededor de J&uacute;piter en la defensa del heliocentrismo: <br \/>&ldquo;Estas fueron las observaciones de los cuatro Astros Mediceos recientemente descubiertos por m&iacute;, de los cuales (aunque todav&iacute;a no es posible calcular su periodo) podemos decir cosas dignas de atenci&oacute;n. En primer lugar, como a veces siguen y a veces preceden a J&uacute;piter a intervalos iguales y se alejan de &eacute;l solo por un corto espacio a oriente o a occidente, acompa&ntilde;&aacute;ndolo tanto en el movimiento retr&oacute;grado como en el directo, nadie podr&aacute; dudar de que cumplen sus revoluciones alrededor de J&uacute;piter y al mismo tiempo todos juntos giran alrededor del centro del mundo con un per&iacute;odo de 12 a&ntilde;os. Adem&aacute;s poseen &oacute;rbitas diferentes, como se comprende claramente del hecho de que en los momentos de mayor alejamiento de J&uacute;piter no se pueden ver jam&aacute;s dos planetas en conjunci&oacute;n, mientras que cuando se encuentran cercanos a J&uacute;piter podemos encontrar reunidos 2, 3 y a veces todos juntos. Tambi&eacute;n podemos observar que las revoluciones de los planetas que describen &oacute;rbitas menores en torno a J&uacute;piter son m&aacute;s veloces; de hecho, las estrellas m&aacute;s vecinas a J&uacute;piter a menudo aparecen al oriente mientras que el d&iacute;a anterior hab&iacute;an aparecido a occidente y viceversa; pero el planeta que describe la &oacute;rbita mayor, luego de haber examinado cuidadosamente las mencionadas revoluciones, parece tener un periodo quincenal. Tenemos entonces un excelente argumento para remover las dudas de aquellos que, aceptando tranquilamente en el sistema de Cop&eacute;rnico las revoluciones de los planetas en torno al Sol, parecen tan turbados porque solo la Luna se mueva en torno a la Tierra, mientras ambos cumplen todos los a&ntilde;os su revoluci&oacute;n en torno al Sol, que piensan que se debe rechazar como imposible esta estructura del universo. Ahora, de hecho, no tenemos solamente un planeta que gira alrededor de otro, mientras ambos recorren una &oacute;rbita en torno al Sol, sino que nuestros sentidos&nbsp; nos muestran cuatro estrellas errantes alrededor de J&uacute;piter, como la Luna alrededor de la Tierra, mientras todas juntas con J&uacute;piter, en un per&iacute;odo de doce a&ntilde;os, cumplen una &oacute;rbita amplia alrededor del Sol&rdquo;. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Y los humanos comenzaron a disfrutar de un universo infinito.<br \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Alberto Anunziato, traductor p&uacute;blico del idioma italiano y miembro de la AEA<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><font style=\"background-color: #000000\"><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Por Alberto Anunziato&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Galileo nos cuenta las primeras observaciones con telescopio de la historia<br \/>Traducci&oacute;n de p&aacute;rrafos de &ldquo;Nuncius Sidereus&rdquo;.<br \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&nbsp;<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3102\" style=\"width: 189px; height: 258px\" src=\"http:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/galileo_arp_300pix.jpg\" alt=\"\" width=\"189\" height=\"258\" width=\"210\" height=\"281\" \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Retrato de Galileo<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>En &ldquo;Sidereus Nuncius&rdquo;, obra publicada en marzo de 1610, Galileo narra las primeras observaciones astron&oacute;micas con telescopio de la historia (en cuanto sabemos). A una distancia de cuatro siglos vemos como el simple acto de elevar a los cielos su telescopio marc&oacute; el triunfo del paradigma cient&iacute;fico contempor&aacute;neo. <\/strong><\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[12],"tags":[],"class_list":["post-3108","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-c14-destacados-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3108","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3108"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3108\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/astroentrerios.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}