Júpiter no siempre estuvo en el mismo sitio

El planeta gigante se formó cuatro veces más lejos del Sol que su órbita actual, y migró hacia el interior del Sistema Solar durante un período de 700.000 años.

Júpiter siempre ha intrigado a los investigadores: no se trata solo del mayor planeta del Sistema Solar, sino que su formación y posteriores supuestos viajes orbitales condicionaron al resto de mundos, incluida la Tierra, debido a su gran tamaño y el poder de atracción que ejerce sobre el resto de objetos cósmicos. De ahí la importancia de conocer cómo se originó exactamente este gigante gaseoso, que tiene en su origen la clave de que en nuestro planeta se haya formado la vida. Ahora un nuevo modelo afirma que nació a una distancia cuatro veces más lejos del Sol y surcó durante 700.000 años un viaje que le llevó hasta su órbita actual.

Usando simulaciones avanzadas por ordenador, investigadores de la Universidad de Lund (Suecia) y otras instituciones han investigado el viaje que Júpiter emprendió hace 4.500 millones de años, momento en el que se acababa de formar y cuyo tamaño no era más grande que la Tierra. Los planetas del Sistema Solar fueron construidos paulatinamente por el polvo cósmico que rodeaba a nuestro joven sol en un disco de gas y partículas y, según este modelo, estaba en un punto mucho más remoto que ahora mismo.

«Esta es la primera vez que tenemos pruebas de que Júpiter se formó muy lejos del Sol y luego migró a su órbita actual. Encontramos evidencia de la migración en los asteroides troyanos que orbitan cerca de Júpiter», afirma en un comunicado Simona Pirani, estudiante de doctorado en astronomía en la Universidad de Lund, y autora principal del estudio que ha sido publicado en la revista «Astronomy and Astrophysics».

La importancia de los asteroides troyanos
Los asteroides troyanos son aquellos que acompañan a un planeta en su órbita colocados 60 grados delante y otros 60 detrás del propio mundo. Aunque la Tierra tiene también su propio asteroide troyano, los más famosos son los de Júpiter. Son miles y se dividen en dos debido a su colocación: un grupo muy numeroso al frente del planeta y otro con la mitad menos de rocas detrás de él. El hecho de que no hubiera el mismo número de asteroides delante y detrás de Júpiter ha intrigado a los científicos desde siempre: «La asimetría siempre ha sido un misterio en el sistema solar», afirma al respecto Anders Johansen, profesor de astronomía en la Universidad de Lund.

Pero en este caso ha sido la clave para descubrir el viaje cósmico de Júpiter durante cientos de miles de años. Pirani y Johansen concluyen que el gigante gaseoso «dibujó» su devenir en sus asteroides troyanos, que solo pueden tener su asimetría actual si el planeta se formó cuatro veces más lejos que ahora en el Sistema Solar para moverse después hasta donde está. la explicación sería que la gravedad de Júpiter atrajo más troyanos delante que detrás.

Según los cálculos, la migración de Júpiter se prolongó durante unos 700.000 años, en un período de aproximadamente dos o tres millones de años después de que el cuerpo celeste comenzara su vida como un asteroide de hielo lejos del sol. El viaje hacia el interior en el Sistema Solar siguió un curso en espiral en el que Júpiter continuó dando vueltas alrededor del Sol, aunque en un camino cada vez más estrecho. La razón detrás de la migración real se relaciona con las fuerzas gravitacionales de los gases circundantes en el sistema solar.

Troyanos y núcleo de Júpiter, ¿emparentados?
Las simulaciones muestran que los asteroides troyanos se dibujaron cuando Júpiter era un planeta joven sin atmósfera de gas, lo que significa que estos asteroides probablemente consisten en bloques de construcción similares a los que formaron el núcleo de Júpiter. De ser cierta esta teoría, cuando en 2021 se envíe la sonda Lucy de la NASA alrededor de seis de los asteroides troyanos, podríamos estar estudiando también el material del que está compuesto el núcleo del gigante.

Los autores del estudio también sugieren que el gigante gaseoso Saturno y los gigantes de hielo Urano y Neptuno podrían haber migrado de manera similar.

Fuente: ABC

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