Demuestran que los ingredientes de la vida son más antiguos que las estrellas y los planetas

La glicina, una importante molécula orgánica precursora de la vida, puede formarse en el vacío del espacio.

El origen de la vida es, sin duda, uno de los mayores misterios a los que se enfrenta la Ciencia. ¿Surgió la vida en un Universo ya «maduro», lleno de estrellas y planetas, a partir de reacciones químicas en los mundos más favorables? ¿O sus componentes esenciales existen desde mucho antes y están repartidos por el Universo entero?

La diferencia entre ambas posibilidades es enorme, y tiene profundas implicaciones. En el primer caso, en efecto, los ingredientes de la vida solo estarían disponibles en algunos lugares, y eso significa que podría ser un «bien escaso» y difícil de encontrar. En el segundo, sin embargo, los elementos necesarios para la vida estarían por todas partes desde el principio, lo que implica que la vida podría haber surgido en múltiples planetas repartidos por el Universo entero.

¿Cuál de las dos hipótesis es la correcta? Un equipo de investigadores, muchos de ellos del Laboratorio de Astrofísica de la Universidad de Leiden, en Holanda, acaba de dar un importante paso que inclina la balanza hacia la segunda posibilidad.

En un estudio recién publicado en « Nature Astronomy», los científicos han demostrado que la glicina, el más simple de los aminoácidos y un componente esencial de la vida, puede formarse directamente en el espacio, donde las condiciones que gobiernan la química son extremadamente duras. Según los autores de la investigación, tanto la glicina como otros aminoácidos esenciales se forman en las densas nubes de gas mucho tiempo antes de que éstas se condensen para formar nuevas estrellas y planetas.

Aminoácidos más antiguos que planetas
Desde hace tiempo, otros estudios habían mostrado ya que ciertos aminoácidos podrían ser más antiguos que los planetas y las estrellas. Por ejemplo, la detección de glicina en el famoso cometa 67P Churyumov-Gerasimenko, y en las muestras cometarias traídas a la Tierra por la misión Stardust, ya sugerían con fuerza esa posibilidad. Como se sabe, los cometas están formados por el «material original» del que está hecho el Sistema Solar y reflejan fielmente la composición molecular presente en el momento en que el Sol y los planetas estaban a punto de formarse.

Sin embargo, y a pesar de estos hallazgos, hasta hace poco se pensaba que la formación de glicina requería energía (por ejemplo, radiación ultravioleta), lo que establecía unas claras limitaciones en los entornos en que la molécula podría formarse.

En el nuevo estudio, sin embargo, el equipo de astrofísicos y astroquímicos han dejado claro que la glicina puede formarse sin problema en la superficie de los diminutos granos de polvo congelado que forman las nubes interestelares. El proceso, llamado «química oscura» tiene lugar, además, en completa ausencia de energía.

Según Sergio Ioppolo, de la Universidad Queen Mary de Londres y primer firmante del estudio, «la química oscura se refiere a la que tiene lugar sin necesidad de radiación energética. En el laboratorio pudimos simular las condiciones que se dan en las nubes interestelares oscuras, donde las partículas de polvo están cubiertas por finas capas de hielo y son procesadas después por el impacto de átomos que hacen que las especies precursoras se fragmenten y los intermedios reactivos se recombinen».

Tras el rastro de la glicina
Al principio, los investigadores lograron demostrar que en esas condiciones se podía formar metilamina, la especie precursora de la glicina que se detectó en el cometa 67P. Más tarde, y en una configuración única de vacío ultra alto, lograron confirmar que también se podía formar glicina, y que la presencia de hielo de agua resultaba esencial en ese proceso.

Una investigación adicional, en la que se utilizaron complejos modelos astroquímicos, confirmó después los resultados experimentales. «A partir de ahí -explica por su parte Herma Cuppen, coautora de la investigación- encontramos que se pueden formar cantidades bajas, pero sustanciales, de glicina en el espacio con el paso del tiempo».

Para Harold Linnartz, otro de los autores, «la conclusión más importante de este trabajo es que las moléculas que se consideran componentes básicos de la vida ya se forman en una etapa muy anterior al inicio de formación de estrellas y planetas. Una formación tan temprana implica que este aminoácido puede surgir en cualquier lugar del espacio, y conservarse en su mayor parte en hielo mucho antes de ser incluido en los cometas y planetesimales que componen el material a partir del que, finalmente, se construyen los planetas».

En otras palabras, las estrellas y planetas ya contarían, por todo el Universo y casi desde su formación, con los ingredientes necesarios para la formación de vida, incluídos en cometas y planetesimales.

«Una vez formada -concluye Ioppolo- la glicina también puede convertirse en un precursor de otras moléculas orgánicas complejas. Siguiendo el mismo mecanismo, en principio, se podrían añadir otros grupos funcionales a la columna vertebral de la glicina, dando como resultado la formación de otros aminoácidos, como la alanina y la serina, en las oscuras nubes de polvo y gas del espacio. Al final, este inventario molecular orgánico enriquecido quedaría incluido en cuerpos celestes, como los cometas, y se enviaría a los jóvenes planetas recién formados, como sucedió en nuestra Tierra y en otros muchos mundos».

Fuente: ABC

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