Algunas de las estrellas más antiguas del Universo están en nuestra galaxia

Un equipo de astrónomos localiza, en la región central de la Vía Láctea, un cúmulo estelar de 12.800 millones de años de antigüedad.

Son auténticos fósiles que revelan cómo fueron los primeros tiempos del Universo. Estrellas «de primera generación», formadas cuando el único material disponible era el hidrógeno y cuya antigüedad rivaliza con la del propio Universo que las contiene. Y ahora, ante la sorpresa general, un equipo de astrónomos ha encontrado algunas de ellas dentro de nuestra galaxia.

En un estudio que se publicará en Abril en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, los investigadores analizan con todo detalle un cúmulo de estrellas casi apagadas y de una enorme antigüedad llamado HP1. El extraordinario cúmulo se encuentra a unos 21.500 años luz de la Tierra, en el «bulbo» central de estrellas del centro de la Vía Láctea.

Para observarlo, ha sido necesario combinar la potencia de dos grandes telescopios: el Gemini Sur, en Chile, y el telescopio espacial Hubble. Gracias a la suma de sus datos, los investigadores lograron calcular la edad de las estrellas del cúmulo, que resultó ser de 12.800 millones de años, lo que las incluye en el grupo de las más antiguas jamás halladas tanto en nuestra galaxia como en el Universo en general.

«Este cúmulo de estrellas -asegura Stefano Souza, coautor de la investigación- es como un antiguo fósil enterrado profundamente en el bulbo central de nuestra galaxia, y ahora hemos podido datarlo en un momento lejano, cuando el Universo era aún muy joven. Estas son también algunas de las estrellas más antiguas que hayamos podido ver en cualquier otro lugar».

Óptica adaptativa
Estudios anteriores ya habían intentado demostrar que muchas estrellas de la región central de la galaxia eran extremadaamente viejas. Pero Souza y sus colegas han logrado observarlas con una resolución sin precedentes, gracias a una técnica de imagen llamada óptica adaptativa, un método que corrige en las imágenes espaciales las distorsiones de la luz causadas por la atmósfera de la Tierra.

De este modo, combinando esas observaciones en ultra alta definición con las imágenes de archivo del Hubble, los astrónomos consiguieron determinar a qué distancia de la Tierra se encontraban las estrellas de HP1, incluidas las más tenues y también las que estaban rodeadas por densas nubes de polvo y gas. Esas distancias ayudaron después al equipo a calcular el brillo de cada una de esas estrellas, y su intensidad y color revelaron también su composición.

En tiempos más recientes, las estrellas se forman a partir de nubes de gas que incluyen en su interior determinadas cantidades de elementos pesados. Esos elementos llegaron al espacio tras la explosión de otras estrellas en forma de supernovas y constituyen lo que los astrónomos llaman la «metalicidad» de una estrella. De este modo sabemos que nuestro Sol, por ejemplo, es una estrella de tercera o incluso cuarta generación, porque en su composición hay materiales pesados que proceden, como se ha dicho, de la explosión de estrellas anteriores.

En los primeros mil millones de años
Pero las estrellas más antiguas, las de primera generación, solo disponían de hidrógeno para formarse. Su metalicidad, por lo tanto, es extremadamente baja o incluso nula. Y ese dato es, precisamente, el que revela su extraordinaria antigüedad. Por lo tanto, cuando los investigadores comprobaron que las estrellas de HP1 apenas si contenían elementos pesados, supieron de inmediato que estaban observando un cúmulo enormemente viejo.

De esta forma, los científicos calcularon que esas estrellas se habían formado dentro de los primeros mil millones de años de existencia del Universo (cuya edad es de 13.700 millones de años), es decir, hace cerca de 12.800 millones de años.

«HP1 -asegura Leandro Kerber, autor principal del estudio- es por lo tanto uno de los supervivientes de los primeros bloques de construcción de nuestra galaxia. Y juega un papel fundamental en nuestra comprensión de cómo se formó la Vía Láctea. De hecho, nos está ayudando a cerrar la brecha de conocimiento que existe entre el pasado y el presente de nuestra galaxia».

Fuente: ABC

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